sábado 28 de julio de 2007

Con Ingrid en nuestros corazones


Pocas veces suelo enganchar de manera tan profunda con el drama ajeno. No obstante la situación política de Colombia más de alguna vez me ha tocado de cerca y me duele.

Como muchos latinoamericanos, leí hace muchos años la crónica periodística convertida en novela de García Márquez “Noticias de un Secuestro” con datos fidedignos de los raptos contra políticos, periodistas y personalidades de la sociedad colombiana perpetrados por el desaparecido jefe del Cartel de Cali, Pablo Escobar. Luego, unos años después viví muy de cerca el drama de los raptos y ejecuciones que desangran a ese país

Vivía en ese entonces en España y a mi muy querida amiga Yaneth Rangel le informaron de la muerte de su padre. Saber del deceso de un familiar siempre es una catástrofe, pero cuando te enteras que ha sido secuestrado y degollado, el dolor se multiplica a mil.

El padre de Yaneth era un hombre muy trabajador, dueño de una pequeña hacienda al norte de Colombia. Ya en los años 80’s su familia había sido objeto de la persecución de las FARC (que para el ciudadano común le da lo mismo sea el ELN, los Paramilitares o los carteles de la droga) con el plagio de su hermano. Yaneth contaba que en esa época se tuvo que pagar una fuerte cantidad de dinero por su rescate, pero ese hecho hacía que su familia fuera marcada. ¿Qué significaba eso? Simplemente que desde ese momento estaban vulnerables a que cualquiera de su grupo cercano sufriera un nuevo intento de secuestro o atentado, sólo por el hecho de haber pagado.

Y fue eso lo que precisamente sucedió ese invierno del año 2001. Un comando de las FARC entró a la hacienda de la familia de Yaneth, tomando a su padre, quién según cuentan se defendió como un héroe. El resultado no fue prometedor como en las películas. Su muerte injusta y desgarradora ocurrió sin más.

Yaneth no pudo viajar al entierro del señor Rangel. A los colombianos la violencia y el narcotráfico los suele marcar con sangre: habitualmente sólo tienen una posibilidad en sus visas de entrar a Europa sin poder regresar en un mismo periodo si deciden abandonar el continente.

Al igual que muchos de nosotros Yaneth estaba estudiando y cultivando un sueño, sueño que se transformó en pesadilla ese tarde. Al final decidió algo que tal vez muchos no comprendimos; postergar el duelo el resto del año que le quedaba en su postgrado y asumir que no volvería a Colombia hasta el año siguiente. Valiente ella, muy valiente.

La muerte de la candidata

En estos días las agencias informan de la supuesta muerte de la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt, secuestrada por las FARC desde 2002.

Me duele pensarlo. La noticia la he seguido ya hace demasiados años. En cada línea que aparece sobre Ingrid, recuerdo al señor Rangel, a los personajes reales de la crónica de García Márquez y a tanta otra gente atravesada por la violencia.

Su madre, el marido y los hijos de Betancourt han generado una campaña mundial para que no se olvide a Ingrid, y han debido lidiar con los rumores de su muerte en la selva colombiana muchas veces. Pero hoy la información tiene un tufillo a verdad trágica. Quizás porque conforme pasan los años, es cada vez más improbable que Ingrid se mantenga con vida, incluso tras varios intentos de escapar que ciertamente la han debilitado.

No a la impunidad

Más allá de tener una opinión sobre el conflicto armado en Colombia, de simpatizar con las FARC, la política de Estado de Álvaro Uribe o del Ejército de Liberación Nacional, asumo que los casos de Yanteh y de la familia Betancourt no pueden seguir sucediendo en la más absoluta impunidad.

Pienso por un segundo qué pasaría si mi familia tuviera que enfrentar algo parecido, como le ocurrió a muchos en nuestro país hace 34 años. No sé si tendría la entereza de Yaneth para seguir adelante.

7 se animaron:

Carola Cortès dijo...

Tus palabras me han llegado al corazòn, y como escribes,es díficil "ponerse en los zapatos", de aquellas personas que han perdido seres queridos en tan trágicas circuntancias. Lo que sucede en Colombia es horrible, pero si hacemos un paralelo con lo que nos ocurre a nosotros, los periodistas, podriamos decir que vivimos nuestra propia lucha con aquellos que nos callan y matan... como ha pasado tantas veces con periodistas secuestrados y asesinados en Afganistan y otros paìses del medio Oriente...
Aquellos asesinatos quedan en la màs absoluta impunidad, como los de aquellos colombianos, que tuvieron su justo juicio, gracias al Gran Reportaje de García Marquez en "Noticia de un Secuestro" (que màs que literatura, es periodismo puro)

Jenniffer Escobar Donoso dijo...

Una vez leí que el periodismo es una de las carreras más peligrosas del mundo, después de los cazadores de tiburones.
Mi primer acercamiento con la realidad colombiana fue en Español I con la lectura de Noticia de un Secuestro, desde ese entonces estoy muy pendiente de lo que suceda allá. Es muy díficil una pronta solución, sólo queda espera que las autoridades, sepan tomar el mejor camino para solucionarlo.

tAbo dijo...

La gracia del periodista està en conocer -in situ- cada detalle de los sucesos que ocurren, pueden ser trágicos, emocionantes y también inaceptables.
Lo malo que en la transversavilidad de nuestro trabajo, nos expone a vivir muchas veces al borde del peligro, puede ser adrenálico, pero nos invita constantemente a perder la sensibilidad, aterrizar a eso y no dejar de ser personas, es nuestro desafìo perpetuo.
Saludos Profe, estuvo muy buena la jornada tecnològica.

Eileen Stockins dijo...

Muy emotivo lo que me enviasta, imagìnate lo que han sufrido tantas personas.Las heridas tardan en cerrarse , muchas veces yo me planteo la misma interrogante ¿se podrà superar algo asì?

PEC dijo...

Es cierto que nuestra profesión es condenadamente cruel y peligrosa. Sin embargo, la necesidad de comunicar nos hace arriesgarnos cada vez.

Saludos a los que postean.

Proyecto dijo...

Posteame!!!!!!!!!!
:P
Soy la carola cortes (no se porque salgo como "Proyecto")

MDA dijo...

Leyendo el artículo lo único que me resta es dar gracias porque esa época en que corríamos peligro de desaparecer en Chile por pensar distinto ya pasó.
Lamentablemente en otros países hermanos esa realidad se mantiene.
Debemos luchar como chilenos para que la pan interna se mantenga, y no tengamos que vivir situaciones tan terribles como un plagio.
Saludos Pectrelli